
Subo hasta el punto más boreal de mi suspiro para dedicarle estas palabras.
Palabras que nunca va a leer.
Y si las lee, las va a olvidar.
La esquirla quieta abre los ojos.
Y ella se mete a mi ducha,
Fuma conmigo mirando hacia la Colòn.
Me ahínca el castigo.
Por dejar que mi ego doblegue el destino de la casa copada.
Se acabo el maíz para caballo.
Y yo que sueño con verla.
Me eriza la espalda con el recuerdo arrogante de su risa en mi pecho.
Me acuerdo y suspiro de nuevo.
Nunca fui más que el silencio de mis amantes.

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